Caminos de playas --- Poemario.
Dedico este poemario a un matrimonio ejemplar. Blanca Miranda de Soriano y Mario Soriano,seres trascendentales a quienes quiero, admiro y respeto inconmensurablemente.
Este pueblo que toco
se llama Aguadilla.
Tiene dos faroles
y un pescador de bronce
con red raída.
Sobre este pueblo
se funde milenariamente
las aleaciones del hade :
(" Hija del sol trigueño de Aguadilla " ).
Por la parte del penacho,
los ladrillos y calzadas,
brotan niños y mujeres preñadas.
domingo, 26 de febrero de 2012
sábado, 25 de febrero de 2012
Torrenciales
" Al día siguiente de concluido el trabajo, empezó la lluvia, un día y otro día sin
parar ". ( Leyenda piaroa sobre el Diluvio ).
Casi siempre ocurre de medio día abajo. Cuando aún la tarde es vigorosa y el cielo se mora como un caimito. Así como se oscureció el Gólgota la tarde después del homicidio de Jesús.
La oscuridad llega a ser tan amenazadora que nos recuerda las noches álgidas en que la luz eléctrica es cortada, y el pueblo se envuelve en una dulce sombra silenciosa, que hace aflorar las estrellas como si no hubiesen estado allí. Al comienzo de la tarde, después que el cielo tiñe las nubes de negro, empiezan a caer las lluvias con una firmeza que espanta. Al cabo de dos horas de copiosa lluvias, el pueblo ha quedado fustigado, pero aún continúa bajo el flagelo del impresionante aguacero. Las quebradas crecen
abundantemente, las aguas ocre salen del cauce, arramblan las márgenes, se escucha el desplome de árboles viejos y matas de guineos. Los deslizamientos de terrenos hacen brotar las entrañas rojizas. El pueblo no se inunda, sus sinuosidades se lo impiden. todavía a las siete de la noche llueve, pero con poca intensidad. los lareños saben que la noche transcurrirá con lluvia y viento. En algún hogar se toma el café nocturno. luego se va a la cama para el viaje somnolento y los sueños agradables. El tamborileo de la lluvia sobre zinc o el tejado provocan el sueño de que los esquejes han florecido y que se les han caído los cuernos a las vacas viejas.
parar ". ( Leyenda piaroa sobre el Diluvio ).
Casi siempre ocurre de medio día abajo. Cuando aún la tarde es vigorosa y el cielo se mora como un caimito. Así como se oscureció el Gólgota la tarde después del homicidio de Jesús.
La oscuridad llega a ser tan amenazadora que nos recuerda las noches álgidas en que la luz eléctrica es cortada, y el pueblo se envuelve en una dulce sombra silenciosa, que hace aflorar las estrellas como si no hubiesen estado allí. Al comienzo de la tarde, después que el cielo tiñe las nubes de negro, empiezan a caer las lluvias con una firmeza que espanta. Al cabo de dos horas de copiosa lluvias, el pueblo ha quedado fustigado, pero aún continúa bajo el flagelo del impresionante aguacero. Las quebradas crecen
abundantemente, las aguas ocre salen del cauce, arramblan las márgenes, se escucha el desplome de árboles viejos y matas de guineos. Los deslizamientos de terrenos hacen brotar las entrañas rojizas. El pueblo no se inunda, sus sinuosidades se lo impiden. todavía a las siete de la noche llueve, pero con poca intensidad. los lareños saben que la noche transcurrirá con lluvia y viento. En algún hogar se toma el café nocturno. luego se va a la cama para el viaje somnolento y los sueños agradables. El tamborileo de la lluvia sobre zinc o el tejado provocan el sueño de que los esquejes han florecido y que se les han caído los cuernos a las vacas viejas.
viernes, 24 de febrero de 2012
El norte de los gandures
" Toda la lluvia un junco parece " ( Vicente Aleixandre, La lluvia ).
Por noviembre comienzan los aires helados. Junto con una aurora gris aparece la lluvia fina y menuda. La mañana emerge lenta y fría, la luz es oscura y no logra filtrar sus claridades entre los estratos de nubes. Lares se moja con las aguas tenues y suaves, que en forma sesgada envuelve el antiguo templo, las montañas, alcores y altozanos. Va cayendo intermitentemente sobre el poblado y más allá, se ven los cercanos campos que la reciben de vez en vez, envueltos en plomizo calígine. Estas lloviznas esporádicas, de presencia huidiza confirman un día de humedad donde el sol no ha de pacer. Se puede mirar el pueblo abrumado por las finas cañas de lluvias y evocar un lejano Día de Reyes, aquella ansiedad por estrenar el juguete en la calle y el mal tiempo lo impedía. Al otro día la escuela arruinaba nuestros impulsos lúdicos. Alguien se asoma a los cristales de un ventanal y dice a su mujer mirando la nubosidad y las frías ráfagas y pensando que no tiene auto, " Hoy se nos moja el pan".
Bajo esta ventisca tropical los ruiseñores cantan en un tono menor y sus gorjeos son tristes y apagados.
Por noviembre comienzan los aires helados. Junto con una aurora gris aparece la lluvia fina y menuda. La mañana emerge lenta y fría, la luz es oscura y no logra filtrar sus claridades entre los estratos de nubes. Lares se moja con las aguas tenues y suaves, que en forma sesgada envuelve el antiguo templo, las montañas, alcores y altozanos. Va cayendo intermitentemente sobre el poblado y más allá, se ven los cercanos campos que la reciben de vez en vez, envueltos en plomizo calígine. Estas lloviznas esporádicas, de presencia huidiza confirman un día de humedad donde el sol no ha de pacer. Se puede mirar el pueblo abrumado por las finas cañas de lluvias y evocar un lejano Día de Reyes, aquella ansiedad por estrenar el juguete en la calle y el mal tiempo lo impedía. Al otro día la escuela arruinaba nuestros impulsos lúdicos. Alguien se asoma a los cristales de un ventanal y dice a su mujer mirando la nubosidad y las frías ráfagas y pensando que no tiene auto, " Hoy se nos moja el pan".
Bajo esta ventisca tropical los ruiseñores cantan en un tono menor y sus gorjeos son tristes y apagados.
jueves, 23 de febrero de 2012
Lluvia con sol
"La lluvia entraría por tus ojos abiertos ". ( Pablo Neruda ).
"El rocío celestial de una llovizna,
mata a un héroe y a una flor del campo alienta". ( José de Diego, Cantos de rebeldía ).
Es hora del cenit. La claridad es deslumbrante. El cielo argentado arrebuja de luz la bóveda celeste. Toda la pequeña ciudad emerge en la transparencia y las calles arden en una lámina de cristal etéreo. Hoy las voces juegan en el aire y caen al oído como canicas en losetas. Los fulgores rielan en las hojas, reverberan en paredes e impregnan de estaño las fachadas de las casas. La arboleda : los almendros, bruscales, tulipanes, robles, guabas, cafetos y, la demás vegetación que circunscribe al pueblo, guayabos, panapén, palmeras y árboles frutales, el sol prestidigitador escondió sus verdes y las frondas asoman anaranjadas y plateadas.
De súbito, asalta sorpresivamente un chubasco colado entre la luz dorada del medio día, en pleno calor de la canícula, que azota los cristales de los autos, trepida sobre el techado de zinc, empapa la vestimenta de los transeúntes y anega los ojos de los niños. Se escucha a alguien decir :" el diablo y la diabla bailando".
Rápidamente desaparece la lluvia impertinente y la transparencia continúa su hegemonía.
"El rocío celestial de una llovizna,
mata a un héroe y a una flor del campo alienta". ( José de Diego, Cantos de rebeldía ).
Es hora del cenit. La claridad es deslumbrante. El cielo argentado arrebuja de luz la bóveda celeste. Toda la pequeña ciudad emerge en la transparencia y las calles arden en una lámina de cristal etéreo. Hoy las voces juegan en el aire y caen al oído como canicas en losetas. Los fulgores rielan en las hojas, reverberan en paredes e impregnan de estaño las fachadas de las casas. La arboleda : los almendros, bruscales, tulipanes, robles, guabas, cafetos y, la demás vegetación que circunscribe al pueblo, guayabos, panapén, palmeras y árboles frutales, el sol prestidigitador escondió sus verdes y las frondas asoman anaranjadas y plateadas.
De súbito, asalta sorpresivamente un chubasco colado entre la luz dorada del medio día, en pleno calor de la canícula, que azota los cristales de los autos, trepida sobre el techado de zinc, empapa la vestimenta de los transeúntes y anega los ojos de los niños. Se escucha a alguien decir :" el diablo y la diabla bailando".
Rápidamente desaparece la lluvia impertinente y la transparencia continúa su hegemonía.
Los aguaceros
"Aguacero pasajero
¿Por qué mojás mi sombrero ?
A ti no te cuesta nada,
a mí me cuesta dinero."
( Canto popular pampero, Argentina).
"Restalló otro relámpago, el trueno desgajó pedazos de oscuro cielo ".
( Juan Bosch, Dos pesos de agua ).
El cielo se ha transfigurado. La mañana fue caliente, radiante; pero a la una de la tarde, el firmamento toma una impresión procelosa. Las nubes se espesan de oscuridad. La temperatura baja y se ven volar en círculos, sobre el pueblo escasas golondrinas. Se puede escuchar una frase genérica : qué "jundimiento ". O quizás alguna expresión jocosa :
" hasta que los pollitos escarben el cielo con el pico ". Se ha hecho ya cerca de las tres de la tarde. El cielo tan ceñudamente negro escenifica una noche en la tarde. Nadie se aventura a ciertas tareas a la intemperie : pintar, empañetar, salir a realizar deportes. Las mujeres apresuradas recogen las ropas. Un solo relámpago raya el espacio y deja un trueno desgranado, dando tumbos fragmentariamente, haciéndose cada vez más débil, como coces de cabrita sin cuerno sobre el trasero de un niño.
Entonces alguien se percata, a eso de las cuatro de la tarde, que unas finas y leves lloviznas no logran mojar sus cabellos, tampoco humedecen sus blusas. Las calles se tornan un poco resbaladizas, pero secan y la tarde vuelve a emerger con un crepúsculo púrpura y violeta.
¿Por qué mojás mi sombrero ?
A ti no te cuesta nada,
a mí me cuesta dinero."
( Canto popular pampero, Argentina).
"Restalló otro relámpago, el trueno desgajó pedazos de oscuro cielo ".
( Juan Bosch, Dos pesos de agua ).
El cielo se ha transfigurado. La mañana fue caliente, radiante; pero a la una de la tarde, el firmamento toma una impresión procelosa. Las nubes se espesan de oscuridad. La temperatura baja y se ven volar en círculos, sobre el pueblo escasas golondrinas. Se puede escuchar una frase genérica : qué "jundimiento ". O quizás alguna expresión jocosa :
" hasta que los pollitos escarben el cielo con el pico ". Se ha hecho ya cerca de las tres de la tarde. El cielo tan ceñudamente negro escenifica una noche en la tarde. Nadie se aventura a ciertas tareas a la intemperie : pintar, empañetar, salir a realizar deportes. Las mujeres apresuradas recogen las ropas. Un solo relámpago raya el espacio y deja un trueno desgranado, dando tumbos fragmentariamente, haciéndose cada vez más débil, como coces de cabrita sin cuerno sobre el trasero de un niño.
Entonces alguien se percata, a eso de las cuatro de la tarde, que unas finas y leves lloviznas no logran mojar sus cabellos, tampoco humedecen sus blusas. Las calles se tornan un poco resbaladizas, pero secan y la tarde vuelve a emerger con un crepúsculo púrpura y violeta.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Las quebradas
" Físicamente el entorno geográfico que determina, con precisión, al pueblo de Lares que separa o une las tierras pulpas de barro. De las pedregosas sembradas de mogotes de piedra caliza, que suben hasta las crestas de la cordillera central, que se escurren hasta las llanuras de la costa norte. El río Guajataca separa un mundo del otro. Las quebradas de Los Muertos, la Sin Nombre, la de Santa Rosa, que más abajo se convierte en la del Anón, terminan de rodear el lugar preciso del planeta donde está el aquí del pueblo de Lares". ( Luis Garrastegui, Pecado de Omisión ).
" Las florecillas de los campos se descollaban y erguían y, los líquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre las blancas y pardas guijas, iban a dar tributos a los ríos que los esperaban. La tierra alegre, el cielo claro, el aire limpio, la luz serena ".
( Cervantes, Don Quijote, tomo 11, Cap. XXXV ).
De Cervantes a Garrastegui no va mucho trecho, porque el arte es como el amor, nos ofrece momentos felices aunque los pinceles estampen diferentes trazos.
Entre la humedad, el frescor, lianas, ramajes suspendidos, la espesura de la vegetación y la soledad, discurren sus aguas rumorosas. Afuera, la algarabía, los signos del carnaval, el torbellino de los autos. Adentro, la pubis del boscaje, la intimidad del monte, los chofos de la aldea. Hay un pájaro que piensa y, no es búho,vigilante sobre una toba oscura, pescador por instinto, por estos pagos le llaman Martinete. Asecha con la vista y, su canto es la sugerencia de un graznar. Es el individuo solapado y callado de las quebradas.La paz y los trinos, la paz y las sombras. Al paso de las aguas de la quebrada, la hojarasca le tiende alfombra. -- La Yumbra del poeta lareño está presente, Samuel Lugo ya también, en el silencio de los estratos umbrosos. La plática de las corrientes con las negras piedras, los verdes helechos siempre asintiendo a los chismes de las somníferas aguas. El helado rocío se desvanece cuando el sol filtra los ramajes y la pedrería preciosa sobre los cáliz de las hojas de malangas y de yautías resplandecen en fulgores cromáticos. El yagrumo lanza sus hojas, por un lado de plata y, por otro morada, sobre las humildes aguas desnudas para fingir la parra de sus verguenzas. Allí se desagua el pueblo por la hendija del himen de liquen y musgos. Aquí canta el coquí sus agudos de Mozart. Pero estas aguas que el cafeto aroma entre frondas, a las que De Diego, también aromara con Las Pomarrosas :
"Nacen las pomarrosas
pálidas, escondidas, aromosas,
lejos del sol, como los versos míos."
________________________
"Cantan las aguas sus claras sonatas,
si por los valles cruzando van
y arrullan quejas más leves y gratas,
del hondo bosque por la honda paz."
En la penumbra de la tarde a orilla de la quebrada, mujeres becquerianas de cabellos de oro y jóvenes de estirpe de aborigen, de cabellos nochescos, de rocío crespuscular peinan sus hermosas cabezas. Hay ciertas quebradas que sufren círculos dantescos : herida está la vista, mancillado el lecho. Escombros de fierros oxidados cortan como proas encalladas unas corriente agonizante. Un niño pudiera decir en una trasferencia de ejercicio escolar : las gomas, latas, cristales, tubos, alambres, plásticos... no son de ahí.
" Las florecillas de los campos se descollaban y erguían y, los líquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre las blancas y pardas guijas, iban a dar tributos a los ríos que los esperaban. La tierra alegre, el cielo claro, el aire limpio, la luz serena ".
( Cervantes, Don Quijote, tomo 11, Cap. XXXV ).
De Cervantes a Garrastegui no va mucho trecho, porque el arte es como el amor, nos ofrece momentos felices aunque los pinceles estampen diferentes trazos.
Entre la humedad, el frescor, lianas, ramajes suspendidos, la espesura de la vegetación y la soledad, discurren sus aguas rumorosas. Afuera, la algarabía, los signos del carnaval, el torbellino de los autos. Adentro, la pubis del boscaje, la intimidad del monte, los chofos de la aldea. Hay un pájaro que piensa y, no es búho,vigilante sobre una toba oscura, pescador por instinto, por estos pagos le llaman Martinete. Asecha con la vista y, su canto es la sugerencia de un graznar. Es el individuo solapado y callado de las quebradas.La paz y los trinos, la paz y las sombras. Al paso de las aguas de la quebrada, la hojarasca le tiende alfombra. -- La Yumbra del poeta lareño está presente, Samuel Lugo ya también, en el silencio de los estratos umbrosos. La plática de las corrientes con las negras piedras, los verdes helechos siempre asintiendo a los chismes de las somníferas aguas. El helado rocío se desvanece cuando el sol filtra los ramajes y la pedrería preciosa sobre los cáliz de las hojas de malangas y de yautías resplandecen en fulgores cromáticos. El yagrumo lanza sus hojas, por un lado de plata y, por otro morada, sobre las humildes aguas desnudas para fingir la parra de sus verguenzas. Allí se desagua el pueblo por la hendija del himen de liquen y musgos. Aquí canta el coquí sus agudos de Mozart. Pero estas aguas que el cafeto aroma entre frondas, a las que De Diego, también aromara con Las Pomarrosas :
"Nacen las pomarrosas
pálidas, escondidas, aromosas,
lejos del sol, como los versos míos."
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"Cantan las aguas sus claras sonatas,
si por los valles cruzando van
y arrullan quejas más leves y gratas,
del hondo bosque por la honda paz."
En la penumbra de la tarde a orilla de la quebrada, mujeres becquerianas de cabellos de oro y jóvenes de estirpe de aborigen, de cabellos nochescos, de rocío crespuscular peinan sus hermosas cabezas. Hay ciertas quebradas que sufren círculos dantescos : herida está la vista, mancillado el lecho. Escombros de fierros oxidados cortan como proas encalladas unas corriente agonizante. Un niño pudiera decir en una trasferencia de ejercicio escolar : las gomas, latas, cristales, tubos, alambres, plásticos... no son de ahí.
martes, 21 de febrero de 2012
El caserío
Estampa lareña.
Otilio introducía la correa entre las tirillas de su pantalón. No llevaba camisa, sobre el hombro izquierdo cruzaba una toalla amarilla. Con la mano derecha sujetaba un cacharro con agua fresca para hacer gárgaras. expulsaba los sorbos sobre la grama silvestre.Tenía el sombrero puesto y un rayo sol tempranero le encendía un diente de oro.
La muchachería ya poblaba las angostas aceras del interior de la comunidad. Algunos se les veía una funda donde llevaban el pan y leche para el desayuno. Comenzaban a estallar los automóviles cubiertos del cristalino rocío de la madrugada. Ya se encendían los radios que resonaban por los alrededores. Desde las casas de cemento, erigidas después del gran fuego, se cruzaban piezas musicales que procedían de distintos hogares y de distintas emisoras. Un hombre corpulento, desnudo de cintura hacia arriba, se afeitaba sin espejo, caminando de arriba a abajo.Se alejaba del predio de su casa. Pasándose el rastrillo con poca lavaza y estirando la piel de su cara, mientras caminaba y se metía en la sala de otra casa. Se oía su risa y el cruce de conversación en medio de una sala ajena. Salía de allí rasurándose y visitaba otra familia dando rasuradas y tanteando su cara. Decía algún chiste o contaba una ligera anécdota,se oían risas. sin concluir la afeitada aceptaba una taza de café negro.
Debajo de unos árboles robustos, al costado de una cancha, un grupo de hombres revisaban una papeleta hípica. Ya algunas mujeres aprovechaban para lavar ropa que luego tendían allí donde la tendedera mancillaba la fachada de la casa.
Unas mujeres reclinadas del balcón de aquellas edificaciones de dos plantas, conversaban con las de abajo. __ Sí, esa tipa llega por madrugada : un carrito azul la deja allá en la carretera, el marido mío la ha visto. Yo creo que está preñá.
Por la calle se ven bajando unos niños con uniformes de baloncesto y un joven que los conduce. Recostado de un poste de la luz eléctrica, pelafustán con los brazos y piernas florecidos de tatuajes, con una cadena de oro de eslabones grandes, frota una pipa de bambú mientras ve llegar un auto público a recoger dos estudiantes de ingeniería.
Otilio introducía la correa entre las tirillas de su pantalón. No llevaba camisa, sobre el hombro izquierdo cruzaba una toalla amarilla. Con la mano derecha sujetaba un cacharro con agua fresca para hacer gárgaras. expulsaba los sorbos sobre la grama silvestre.Tenía el sombrero puesto y un rayo sol tempranero le encendía un diente de oro.
La muchachería ya poblaba las angostas aceras del interior de la comunidad. Algunos se les veía una funda donde llevaban el pan y leche para el desayuno. Comenzaban a estallar los automóviles cubiertos del cristalino rocío de la madrugada. Ya se encendían los radios que resonaban por los alrededores. Desde las casas de cemento, erigidas después del gran fuego, se cruzaban piezas musicales que procedían de distintos hogares y de distintas emisoras. Un hombre corpulento, desnudo de cintura hacia arriba, se afeitaba sin espejo, caminando de arriba a abajo.Se alejaba del predio de su casa. Pasándose el rastrillo con poca lavaza y estirando la piel de su cara, mientras caminaba y se metía en la sala de otra casa. Se oía su risa y el cruce de conversación en medio de una sala ajena. Salía de allí rasurándose y visitaba otra familia dando rasuradas y tanteando su cara. Decía algún chiste o contaba una ligera anécdota,se oían risas. sin concluir la afeitada aceptaba una taza de café negro.
Debajo de unos árboles robustos, al costado de una cancha, un grupo de hombres revisaban una papeleta hípica. Ya algunas mujeres aprovechaban para lavar ropa que luego tendían allí donde la tendedera mancillaba la fachada de la casa.
Unas mujeres reclinadas del balcón de aquellas edificaciones de dos plantas, conversaban con las de abajo. __ Sí, esa tipa llega por madrugada : un carrito azul la deja allá en la carretera, el marido mío la ha visto. Yo creo que está preñá.
Por la calle se ven bajando unos niños con uniformes de baloncesto y un joven que los conduce. Recostado de un poste de la luz eléctrica, pelafustán con los brazos y piernas florecidos de tatuajes, con una cadena de oro de eslabones grandes, frota una pipa de bambú mientras ve llegar un auto público a recoger dos estudiantes de ingeniería.
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