martes, 9 de junio de 2015

¿ Realidad o fantasía ?

He escuchado este monólogo.
-- Tuve que preguntarle, a lo largo de los años, si él había asistido a un casamiento o a la compra de una negrita esclava.
-- Sí porque me levanto a las 6:30 a.m. Comienzo a preparar el desayuno. Después barro la casa, recojo las camas y echo las sábanas y fundas en la lavadora, conjuntamente con otras ropas de mis amados. Le paso un pañito a los muebles : mesas, sillas , televisores, retratos y cuadros. En mi caso, no pongo salsa ni pachanga, pero escucho El amor brujo,
o Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla. También lustro los cristales de los ventanales, pero no todos los días. Cuando me toca pasar estropajo a la casa, esta actividad de limpieza se suma a todas las demás en el orden del día. A eso de las 11:00 a.m. ya estoy en la cocina confeccionando el almuerzo de medio día. Soy de las que inmediatamente, al concluir la comida, salto a fregar, no soporto trastos en el fregadero.
A las tres hay café y merienda, es nuestra costumbre. No ha pasado mucho tiempo, cuando ya estoy de vuelta en cocina, para la cena de la tarde. Huf! Cómo cansa ser esposa de un puertorriqueño.
-- A veces pienso que si estuviéramos desahogado financieramente, contrataba una mucama para que me dé una mano y, de paso le dé a oler la muguruza a mi marido, pues encontraría un poco de aliento.
-- Al caer la noche, él se arrima a mi lado y mete sus dedos en mi cabello y comienza a rascarme la cabeza como el que espulga piojos. Yo me quedo casi dormida, pero pronto noto que ha comenzado a hacerme una mamografía. Después cuando ha navegado sobre mi cuerpo, cae exhausto y ronca. Yo aprovecho, voy a la ducha y luego en la sala, disfruto de dos horas de lectura. De fondo oigo Le sacre du printemps, de Igor Stravisky, mientras leo Los pilares de la tierra de Ken Follet.

Comento sobre este monólogo:
El sagrado amor que los hijos depositan en el noble recuerdo de las madres, se sustenta, entre otros motivos, por el intenso volumen de esfuerzos que ellas descargan en el trayecto de sus crianza.