Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
Las aristas y lagartijas brillaban con la luna.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos,
las cortezas añejas
por las sombras húmedas.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
Cuando el viento dormido en el bosque,
arrullaba la mirada del ave durmiente
y, el ave en sus alas
llevaba del río,
el rumor diseminado.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
La lluvia clara,
como gráciles carámbanos
perpendiculares rayando los aires,
quebrando las agujas
de finos azotes.
Los fugaces rasgueos sobre las hojas,
cortinas de las sombras.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
Era suave la silueta de la niebla,
como pétalo surrealista
en la curva de la tierra.
Mudo el volcán rugirá
al secarse la atmósfera.
En el eco de los tiempos.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
Aparecieron las voces de los hombres.
Enlazadas a los trinos
de los pájaros.
Se oían entre las frondas,
los árboles, junto a las rocas;
pero nunca sobre la muerte del ave.
El susurro, los rugidos, las voces.
La ráfaga y el arroyo,
las sombras y los sonidos.
Hace tiempo, en el eco de los tiempos.
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lunes, 18 de junio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
Las antorchas en la noche
Una casa, un patio, una piscina.
El agua de la alberca
refleja las llamas de las antorchas
flameantes en la noche oscura.
Las voces, las risas,
el chapotear de palmadas en el agua
fría.
Las conversaciones, los rumores,
la diversión.
Los signos de la alegría
en el frugal sarao.
El aire cálido del verano
ondea las lumbres
de las teas
que se proliferan en las aguas
unidas a las luces de las estrellas.
Al otro día,
todo el esplendor bello
de la noche pasada,
desapareció.
Las antorchas apagadas
parecen espantapájaros
de mimbres secos.
Las aguas quietas, dormidas.
El patio como una campana
callada y sin badajo.
Como una pareja después.
Sin amor, sin pasión.
El agua de la alberca
refleja las llamas de las antorchas
flameantes en la noche oscura.
Las voces, las risas,
el chapotear de palmadas en el agua
fría.
Las conversaciones, los rumores,
la diversión.
Los signos de la alegría
en el frugal sarao.
El aire cálido del verano
ondea las lumbres
de las teas
que se proliferan en las aguas
unidas a las luces de las estrellas.
Al otro día,
todo el esplendor bello
de la noche pasada,
desapareció.
Las antorchas apagadas
parecen espantapájaros
de mimbres secos.
Las aguas quietas, dormidas.
El patio como una campana
callada y sin badajo.
Como una pareja después.
Sin amor, sin pasión.
viernes, 17 de febrero de 2012
Té
Poema
Turbio té
Lo mismo tete - á- tete.
Lo mismo accompagner.
Una taza china
coronada de grácil
humo cálido,
de volcánica infusión.
Nos alienta o al libro
o al tálamo.
Turbio té
Lo mismo tete - á- tete.
Lo mismo accompagner.
Una taza china
coronada de grácil
humo cálido,
de volcánica infusión.
Nos alienta o al libro
o al tálamo.
domingo, 5 de febrero de 2012
El Mozambique
Este hermoso poema es de la fértil imaginación de nuestro insigne escritor, Abelardo M. Díaz Alfaro.
Porque soy negro,
tal vez nadie me canta.
Y me miran como la sombra triste del paisaje.
Soy como un pétalo negro tembloroso en el viento,
o trémula llama oscura ardiendo en el ocaso.
Aunque tengo el ala sombrosa,
soy de rancio abolengo,
un real príncipe negro,
de no sé qué Oscura Casa,
Nadie se recrea en la estilización de mi cuerpo,
en mis ojos cerúleos,
en mi ala lustrada.
Soy la síntesis de la sombra,
quién sabe si la misma sombra trocada en alas.
No sé por qué me persiguen
cuando me lanzo al surco,
y busco afanoso el rojo gusanillo
o la semilla oreada.
¿Por qué me acosan los hombres?
¿Por qué huyen de mí todos los pájaros?
He llegado a pensar desde mi guardarraya
si es que existe también entre los pájaros,
esa odiada tradición de razas.
16 de enero, de 1959
Es bueno que sepamos, que Nelson Mandela ostenta en la pared de su sala, este poema en un cuadro acristalado.
Porque soy negro,
tal vez nadie me canta.
Y me miran como la sombra triste del paisaje.
Soy como un pétalo negro tembloroso en el viento,
o trémula llama oscura ardiendo en el ocaso.
Aunque tengo el ala sombrosa,
soy de rancio abolengo,
un real príncipe negro,
de no sé qué Oscura Casa,
Nadie se recrea en la estilización de mi cuerpo,
en mis ojos cerúleos,
en mi ala lustrada.
Soy la síntesis de la sombra,
quién sabe si la misma sombra trocada en alas.
No sé por qué me persiguen
cuando me lanzo al surco,
y busco afanoso el rojo gusanillo
o la semilla oreada.
¿Por qué me acosan los hombres?
¿Por qué huyen de mí todos los pájaros?
He llegado a pensar desde mi guardarraya
si es que existe también entre los pájaros,
esa odiada tradición de razas.
16 de enero, de 1959
Es bueno que sepamos, que Nelson Mandela ostenta en la pared de su sala, este poema en un cuadro acristalado.
jueves, 2 de febrero de 2012
La Boda de la abuela Margarita
Poema
Era de mañana en un campo lejano,
cuando la ayudaban a subir
en ancas del caballo.
Margarita estaba fresca y alba.
Del frasco oloroso,
se asperjó con efluvios
y la fragancia a rosas,
encendía su nupcial ilusión.
Frente a quella casa
de maderas trabajadas
al bruto, con sierra manual,
comenzaba el camino.
Era tortuoso coronado
de cafetos y guabas.
Iba ataviada de blanco,
con sencilla tela de algodón.
De diminutas flores amarillas.
Pero el atuendo de novia
exigía algunos detalles,
allá en una residencia del pueblo.
Cuando ya no se veían
ni la casa ni se oía
la algazara de tono melancólico,
Margarita retuvo la imagen
de aquel débil brazo,
que agitaba al aire,
la mano que impartía
ternura en su espíritu.
Sólo su recio padre,
también vestido de blanco.
tiraba de las bridas de la jaca.
En el silencio del camino
y el sentimiento del albur,
se oían la oropéndula
y la calandria y se descubría
unas lágrima en sus ojos.
y la
Era de mañana en un campo lejano,
cuando la ayudaban a subir
en ancas del caballo.
Margarita estaba fresca y alba.
Del frasco oloroso,
se asperjó con efluvios
y la fragancia a rosas,
encendía su nupcial ilusión.
Frente a quella casa
de maderas trabajadas
al bruto, con sierra manual,
comenzaba el camino.
Era tortuoso coronado
de cafetos y guabas.
Iba ataviada de blanco,
con sencilla tela de algodón.
De diminutas flores amarillas.
Pero el atuendo de novia
exigía algunos detalles,
allá en una residencia del pueblo.
Cuando ya no se veían
ni la casa ni se oía
la algazara de tono melancólico,
Margarita retuvo la imagen
de aquel débil brazo,
que agitaba al aire,
la mano que impartía
ternura en su espíritu.
Sólo su recio padre,
también vestido de blanco.
tiraba de las bridas de la jaca.
En el silencio del camino
y el sentimiento del albur,
se oían la oropéndula
y la calandria y se descubría
unas lágrima en sus ojos.
y la
viernes, 6 de enero de 2012
Ruedas
Llantas, ruedas, gomas.
Mientras se lavan
su oscuridad se despeja.
Hace lucir al auto
que descansa amortiguado.
La espuma del líquido jabón
la ennegrece.
Surge bella
de las aguas enjuagadoras.
Entonces un químico
industrial, las torna en deslumbrantes
diamantes de carburo.
Tejas--Tuile
Y ahora caen en mis ojos,
a través de los cristales de las ventanas
las rojizas tejas de las viejas techumbres,
de aquel barrio de casas pedreras apiñadas.
Veo en el aire la urdimbre terroza,
de un mar de aguas ondeantes
teñidas de sangre rancia.
Lo imbricado se suelta
Ahora, en la distancia
aparecen unas y otras
separadas y flotantes.
Y así junto a las ramas del árbol,
una sola teja vuela
con su rojo broncíneo
que el sol extenuado va apagando.
Entre el espacio se ve un poco de cielo
y, detrás de algunas nubes
surgen encendidas tejas,
que anuncian crepúsculos paisajistas.
a través de los cristales de las ventanas
las rojizas tejas de las viejas techumbres,
de aquel barrio de casas pedreras apiñadas.
Veo en el aire la urdimbre terroza,
de un mar de aguas ondeantes
teñidas de sangre rancia.
Lo imbricado se suelta
Ahora, en la distancia
aparecen unas y otras
separadas y flotantes.
Y así junto a las ramas del árbol,
una sola teja vuela
con su rojo broncíneo
que el sol extenuado va apagando.
Entre el espacio se ve un poco de cielo
y, detrás de algunas nubes
surgen encendidas tejas,
que anuncian crepúsculos paisajistas.
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