viernes, 7 de diciembre de 2012

Seudo-música

Hay que decirlo sin trastabillar, el reggae y reggaeton no es música. Los que lo vocalizan no son cantantes. Tener derecho a interpretarlo es un tema oportuno para otra zona de discusión. Pero el reggae y el reggaeton son producto de una situación psicosocial, una creación originaria de Jamaica, que al principio pintoresca y, después torcida hasta reducirla a un "gabazo" o gazpacho con ausencia de talento.

Tanto la letra como la vocalización - sin entrar en los méritos de la cadencia y melodía de esta seudomúsica, porque en este aspecto tiene su estirpe en los ritmos rituales afro- culturales. Pero esa letra y vocalización es el salvoconducto a lo grotesco.

La gente ha querido pintar estimulados por los grandes pintores; clásicos y modernos, el resultado es una pléyade de baratijas, pacotillas y futilidades que abruman establecimientos, hogares y paredes. Así también ha ocurrido con la música de los reggaetonistas. El mundo sórdido de la drogadicción y la subcultura han parido el fenómeno. En la calle y en la barriada, así como en los caseríos se generaliza la seudo-música, que luego escala las emisoras, las grabaciones, los conciertos internacionales.

A los niños les apasionan los ritmos y los ademanes y gestos, igual que le atraen los monstruos y engendros horripilantes de los artistas diseñadores de las creaciones animadas y demás tecnicismos cinematográficos.

Los reggaetonistas ya tienen su propia indumentaria y exhiben una profusión de alhajas. Pero esto de atuendo y adornos es evolutivo y casi ritual. Los caballeros andantes los que  proyectan desde la Edad Media y los de ficción ostentaban, así como se muestra en Don Quijote, su propia vestimenta con yelmo o gálea o bacía, su armadura, una cruz pintada
o enhebrada, su escudo de origen en relieve, como un medallón sobre el pecho de la armadura, a veces, con alguna pedrería.

El payaso no necesariamente está obligado a vestirse con ropa tan extravagante, para ensayar alocuciones interpretativas, pero la tradición le asigna un traje propio de clown. Porque en la vida parece que todo lleva particular librea, desde el soldado hasta la enfermera.

Pues así los reggaetonistas lucen su ropa de luces como si fueran un torero. Nomás que bien ancha para arropar sus debilidades.
Cuando lleguen a cierta edad, ¿ cómo rememorizarán algún romance dulce y tierno al sentir nostalgia de su pasada juventud?

La festividad, la alegría, el furor, la euforia, la locura; extravagancia, contorsión, facundia; exaltación, balumba y la gritería que acompañaron la rumba y el mambo, se repiten en esta seudo-música en nuestros días.

Del sustento y desarrollo de esta burla musical naturalmente, responden, entre otros factores, los que ganan dinero con estas actividades.
Esta expresión histriónica derrocha sensualidad.

Es la situación o condición de lo insustancial y la futilidad, lo que desata la libido : " a ella le gusta la gasolina".