lunes, 20 de mayo de 2013

Ivette

Cuando desperté me di cuenta
de que había soñado.
Ostentaba en su rostro,
aquella mujer dama de Roma,
un lunar que despedía
una tenue luz
como una luna apagada.
Era un lunar que recogía
en su propio destello,
una triste historia.
" Un día cuando comiencen
a redoblar las broncíneas
campanas de la ermita,
te la contaré y, tú
cerrarás el final
con un beso sobre este
este lucero apagado de mi rostro.