jueves, 2 de mayo de 2013

Por primera vez, música clásica

Cuando me asomé tras las cortinas, la orquesta se desenvolvía en agitada ejecución.
Un hombrecito nervioso la amenazaba o la abrumaba con una delgada varita. Entonces vi un reguero de papeles blancos, que a cada instante en forma incómoda y expedita los  hojeaban. Con tanto manejo de instrumentos móviles, no sé cómo fluía la música dentro de su armónica expresión, igual que si un tren corriera raudo sin salirse de su trazado metálico.

Estaba allí, oculto entre las gruesas y altas cortinas porque me impulsó la curiosidad o el deseo por aventurarme a descubrir aquellos recovecos tan atractivos para mi ignorancia. Anduve por aquel mundo olvidado y estrecho, tan lleno de cachivaches, pitas colgantes, un piano desvencijado con teclas hundidas y otras más arriba de su natural nivel. Ropas que pendían en ristra de ganchos : eran vestidos extraños que esperaban por hombres barbudos y mujeres de senos brotados. Tuve miedo al paso por aquel raro túnel. Sin embargo, me sentí protegido por aquella peregrina música.

Puse la atención en la pieza que la orquesta interpretaba. Notaba que había lógica y comprensión en ciertas partes y en otra se perdía la razón y la melodía formaba una algarabía como corceles desbocados o tormenta de lluvia azotaína. Sin embargo, notaba una sutil dulzura en el fondo. De momento parecía silenciarse y emergían unos gorjeos de suaves sonidos como trinos de tímidos pajaritos.

Luego en mis días de universitario conocí que la pieza musical a la que hago referencia en esta rememoración, era Capricho español de Nikolai Rimsky Korsakov. Un capricho en modalidad de Goya, pero con la rúbrica, el estilo y el sentimiento de la música de Rimsky.

En ese particular clásico musical, Korsakov lleva desde los Andes un grandioso cóndor a volar por el desolado espacio de los campos de Montiel, en Castilla. El gigante pájaro habituado a otear las escabrosas elevaciones vestidas de interminable blancura nívea, sólo divisa desde el cielo de La Mancha, la parda y sangrienta llanura.

Antonio Skármeta, nos dice en su novela, ( El baile de la Victoria ). " Y de pronto, como un meteorito de plumas que cayera desde la más alta cima, vino a depositarse sobre una roca a metros de ella, -- de victoria -- en un aterrizaje de armónica coreografía, un pájaro cuya cresta roja remataba la cabeza negra asentada sobre un collar de plumaje blanco ".
" Vergara Grey vino, le puso una mano sobre el hombro y para no perturbar la intensa comunicación entre el ave y la chica, le susurró:

      -- Es un cóndor.
      -- Nombre científico Vultur Gryphus de la familia de los Cathartidae.
      -- Tiene el aspecto de un pájaro culto. Ojos de cirujano y pedantería de doctor ".

Cuando estuve de niño detrás de aquellas polvorientas cortinas y, escuchaba aquella extraña música salida de tantos hombres y algunas mujeres, me di cuenta que de aquel acto sublime y armonioso se sentían pájaros, lluvias, caballos en fugas y podía percibir, quizás una nostalgia, porque ciertos pasajes me provocaban tristeza. Era la melancolía de la gran ave suramericana al encontrarse en una inmensidad ajena a la suya. También se podía captar, por momentos, los azotes de los vientos semejantes a las transmontanas que recorrían las áridas tierras rojas. Era colegible el zumbido circular de las aspas de los solitarios molinos de don Quijote. En notas sostenidas en adagio, flotante y sin vida, se transparentaba un extenuante cielo, sin límite y sin nubes.

Recuerdo que don Pablo Casals, genio del violonchelo decía : " En la música hay multiplicidad de cosas y sentimientos que no están contenidas ni especificadas en la partitura ".

Cuando aquella noche universitaria me deleitaba con Capricho español, engarzaba perfectamente en el recuerdo de la pieza musical de la orquesta que me encontré de súbito detrás de los lienzos. Entre la madeja de la música creí distinguir la ansiedad del cóndor buscando en las alturas un ábside escabroso donde posarse para el descanso de su vuelo, pero no veía otra cosa, allá en el lejano suelo, que las ovejas pastando como si fueran abejas libando néctar de  margaritas.