sábado, 7 de junio de 2014

A un ángel

Sentí tu cadencia
dentro de mí, por breve tiempo.
Eras el grácil impulso
de la tibia ola.
Eras el cálido tremolar
del ruiseñor en su nido.
Tu palpitar anhelaba alas
en el aire y el sol.
De la crisálida a Dios,
volaste a la eternidad.