viernes, 17 de octubre de 2014

Reseña de la novela Todos los nombres de José Saramago

En la novela Todos los nombres se asiste a la aventura, a la astucia, a la gestión u operación furtiva plena  de expectativas, de incertidumbres, de impresiones de azar; de desarrollos detectivescos y otras tantas ansiedades y pléyades de motivos encantadores y celajes amorosos, sin que se obligue a la exposición de situaciones violentas, baños de sangre, asesinatos y relatos morbosos.

Por otro lado, todos los ángulos del pensamiento. Todas las posibilidades de los perfiles de la psique, el fluir de la conciencia individual, el descargo de hechos con intención premeditada, ahítos de conciencia, acumulados por experiencia propia y vicaria. Un diálogo interior que es en esencia un monólogo que se desarrolla desdoblándose o se refracta rico en resonancias filosóficas, en temores y preferencias, costumbres y un entretenimiento con visos de coleccionista que constituye el motor de toda la obra. Es una novela inolvidable.

Nos sorprende y sin embargo, se trae con naturalidad pasmosa, como Juan por su casa, presumiendo de holgura y de relato común y consuetudinario, una narración pastoril en el siglo 21 que en vez de trasnochar, despide aroma de frescura y vigencia. Para colmo de valentía en la pluma, ensaya la originalidad de una cuentística pastoril dentro de un cementerio. Si en Marcela y Crisóstomo, Cervantes sitúa a Marcela frente a una tumba, la morada que acoge el féretro de Crisóstomo es porque se efectúa el entierro del pastor. La aparición de Marcela hacia el sepulcro es circunstancial, pero la presencia del pastor en Todos los nombres, es por costumbre y vida natural de pacer del rebaño en los predios del cementerio donde crece abundante hierba fresca y tentadora ante los ojos de las ovejas. Pero lo que ocurre entre el pastor y don José no se puede adelantar al lector. Basta con decir que lo que ocurre en esa experiencia pastoril es fuente y consecuencia de interesante principio filosófico y psíquico que da fuerza a la narración.

Don José ha llegado al Campo Santo, un cementerio grandísimo. Todo visitante que procura caminar dentro del necrópolis ha de llevar un mapa para orientarse. Don José obtiene el croquis y al final de la tarde llega al sector de los finados suicidas, donde se encuentra el sepulcro que busca. Cuando llega ante la ausencia del ser y ante la percepción del corpus yacente, es l mismo que asistir al final de la nada. Para una parte de la humanidad, la zona escatológica es el umbral de otra dimensión de la vida, otro destino después de la muerte. Para parte reducida de los hombres, ese acontecer es final y conclusión de la experiencia científica que lo creó, lo forjó y lo modeló.

Recomendamos, pues, esta curiosa novela del portugués José Saramago, ganador del premio nobel, 1998. Que la disfruten.