sábado, 18 de abril de 2015

La estrella de plata

" Castilla es uno de los poemas más importantes de la literatura hispana; lo ha escrito Manuel Machado, y lo ha inspirado un pasaje del primer cantar del Cid. "
                                                                     ( Dra. Lucila Marrero Aizpurúa ).

                         Castilla

          El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

           El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-- polvo, sudor y hierro-- el Cid cabalga.

           Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... Quema el sol, el aire abrasa !

            A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

             -- Buen Cid, pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa,
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada !

               Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: " En marcha ! "

                El cielo sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana
al destierro, con doce de los suyos
-- polvo, sudor y hierro--, el Cid cabalga.

                                 ( Manuel Machado )
                                    -- español--

Un ciego sol ponía luz a la estrella blanca de tela. Era la enseña que había entregado Mariana Braccetti y, que flameaba con el viento y las llamas del alba. Iba izada desde el brazo fiero y decidido de Manuel Rojas, el venezolano, que marchaba con una tropa de hombres civiles en jirones raídos. Venían de Pezuela -- bendito barrio --. Unos descalzos, otros con botines mojados, todos bautizados en las aguas de Río Blanco y Río Prieto. Marchaban ansiosos, abrasados de esperanzas, no para el destierro, sino a desterrar las condiciones de esclavitud. El sol cegaba sus ojos, pero alumbraba su porvenir. Iban a manumitir, con machetes y azadones como armas y cañas leñosas de guabas y guayabos --- triste es decirlo-- algunos cargaban pedazos de yagrumos. Repechando montañas, una niña de trenzas negras y de aspecto hético, lloraba al verlos pasar.