viernes, 1 de febrero de 2013

Acumular y sumar, un destino del hombre - Bodegones de Carlos Mercado

Morfología y grafía de los números


Un propósito del ser humano es una gestión de ganancia absoluta en todo desempeño de su diaria vida. La suma y no la resta es su designio.
Los números no se crearon para restar, sino para aplicar conceptos de acumulación en los escrutinios de la formación de bienes.

Aún cuando éste emprenda una campaña para restar efectos nocivos a la ecología del planeta, estará sumando elementos positivos para sanear la vida del orbe; acumulando y aumentando recursos y actitudes, que favorezcan al planeta, agregando felicidad en la convivencia de sus habitantes.

La propia grafía y diseño de los números, tienden a aumentar y engrosar su configuración
Del 0 al 9 todos los números son originales y ninguno repite su formato, el trazo de su dibujo, es una gradación cada vez mayor en su estructura, testifica y muestra que ha alcanzado una unidad mayor que su volumen anterior. Esto, no solo en el valor de sus unidades, sino mayor en la proporción de su grafía. Destinados como están, los dígitos, en su formato a presentarse cada uno en la sucesión, más corpulento que el anterior para indicar ganancia en el corpus.

Así el 0 es óvalo que representa la funda o bolso- también talega- vacía, sin que cargue nada en su interior. Ese cero o bolso vacío estará a la espera de guardar valores cuando aparezcan. De lo contrario es símbolo de nada.

El uno ( 1 ) es de una delgadez obligada. Representa la primera unidad de un bien adquirido.

El número dos ( 2 ) ya empieza a transformar su figura ostentando orejita que es símbolo de la llenura que comienza a abultar.

El número tres ( 3 ) -- nos referimos a su escritura manuscrita en el principio de su creación -- lo presenta un falo y un trazo inconcluso de la bolsa que guarda dos testículos. Falo y dos testículos suman tres bienes. La bolsa es símbolo de llenura. Con el paso de las generaciones, los dos puntos desaparecieron.

El número cuatro ( 4 ) exhibe cuatro triángulos, uno cerrado y los demás abiertos.

El número cinco ( 5 ) dibuja un cometa o papalote en el aire, con cola o rabo para su equilibrio entre las primeras cinco unidades y las siguientes cinco. Si se cierra su cabeza como en el principio, enseña los cuatro palitos del rombo y la orejita de la llenura.

El número seis ( 6 ) panza a la izquierda o bulto que representa nueve meses de embarazo, con la abstención del coito simbolizado por la bolsa donde se ocultan los testículos. La bolsa y los testículos forman tres en negativo : no coito. A nueve meses de embarazo, se le restan los tres de no coito quedan seis que es su valor.

Curiosidad : Si se coloca el nueve sobre el seis tomará la figura de una mujer en gestación.

El número siete ( 7 ) es el símbolo numérico de la buena suerte. Hace una referencia velada o tácita a la parábola de las siete vacas gordas. Es la grafía del gancho con el que se arranca las frutas-- fruto de lo acumulado o ahorrado -- gancho o atractivo para atrapar la suerte de ganancia de bienes. Consta de tres palitos y dos ángulos que suman cinco elementos o partes, pero antiguamente a la raya oblicua le cruzaba una tilde que presentaba, en ambos lados del trazo reclinado, las dos astas del bóvido bíblico. En tal caso sus partes sumaban siete.

El número ocho ( 8 ) eran dos orzas, vasijas de barro cocido --arcilla-- que se colocaban una junto a la otra y, en cada orza sin orejas o asas, contenían cuatro partes cada una que sumaban ocho. ( La frase : " Te voy a decir cuatro cosas ". No era así. Era : " Te voy a dar cuatro orzas... ). Luego se colocaron una sobre la otra y evolucionó su grafía. Al principio se decía ( orcho ) que viene del nombre en latín, ( urceus ) El latín vulgar lo transformó en ocho.

El número nueve ( 9 ). Su nombre viene del latín, ( noven ) y del francés neuf que también significa nuevo. En un principio se oscurecía su óvalo y se relacionaba con la luna nueva. al no encontrarse un número que resultara tan original como los precedentes, se optó por tomar el seis y colocar su óvalo hacia arriba como la luna. Lo original del nueve es su posición.

No existen números para la resta. Después que se crearon los números para la suma, la humanidad convino en usar los dígitos de la suma precedidos por una rayita horizontal de valor negativo para efectuar resta. Pero esa es una operación aritmética, no la presentación propiamente diseñada de números originales para la resta.
De la misma manera que el linguista Zamenhof creó el esperanto como lengua universal, se puede esperar que alguna mente inquieta presente el nacimiento de los nuevos y originales números para la resta.

Esta reflexión sobre los números es motivada por la apertura interesante, que exhibe la facultad de antropología de la U. P. R., sobre distintos tipos de romanas. En ellas resaltan, además de los números, la intención de estos artefactos de sopesar o ponderar el cuerpo de una impronta.

Además de todas la fotografías en que se destacan las variadas balanzas y básculas antiguas y de reciente invención , figuran dos romanas sobre una mesa. Ofrecidas como raro bodegón : una romana roja con un plato metálico cromiado, dentro del cual se ha puesto la mitad de una calabaza y una base redonda de menor proporción, y sobre ella unas macizas pesas que exhiben números en la parte central.

Otra pequeña mesa sobre la cual se muestra una romana que parece la esfera de un reloj. Esta esfera descansa sobre una palangana de su oficio y en ella desmayadas las cadenas pensil de los objetos a pesarse. Su blanca esfera presenta los números del cero al nueve.
Cuánto pesa, cuánto vale.