miércoles, 9 de diciembre de 2015

El matiz pictórico de la armonía

                              " Desde el silencio sube el alma
                               con rosas instantáneas,
                               y en la mañana del día se desploma,
                               y se ahoga de bruces en la luz que suena ".
                                     
                                                    ( Pablo Neruda, Alianza ).

Armonía, cadencia, musicalidad, tonalidad, movimiento, acentos y pausas, ritmo, medida, similicadencia, sonoralidad, son términos, vocablos que pretenden enunciar, abarcar y recoger un acopio de lo subliminal en la música vocalizada o instrumental.

La nota está diseñada en la partitura. Ha sido creada con la numeración exacta que la asiste en el tiempo y el espacio. aparece, naturalmente, callada. Allí duerme como refería Bécquer :
                              " Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
                                 como el pájaro duerme en las ramas,
                                 esperando la mano de nieve
                                 que sabe arrancarlas !"
                                                                    ( G. A. B., r, VIII ).

Mano de nieve o de ébano, lo que se requiere es que posea la virtud de despertar las notas en emotivas impresiones.
El que ejecuta el instrumento musical, ya sea vihuela o cuerdas bucales, sobre esas notas tiene que imprimir improntas subliminales que sacuda dulce y sutilmente el sentimiento de emotividad. Beethoven le llamaba a esto ser " poeta del sonido " ( Emil Ludwig, Biografías, Beethoven, p. 634 ).

Cierta vez, nos cuenta su mejor biógrafo que :

" Después de la ejecución de un cuarteto de Pleyel, un austriaco afrancesado, rogaron a Beethoven que tocara, y por fin las damas lo llevaron al piano casi a la fuerza.
De mala gana quita del atril la segunda voz del violín todavía abierta, la echa sobre el atril del fortepiano y comienza a fantasear. Nunca se había oído nada más original y grandioso. A través de toda la improvisación discurrían como un cantus fixus las notas significantes en sí mismas que estaban sobre la hoja casualmente abierta. sobre ellas edificó las armonías más atrevidas . El viejo Pleyel se acercó a él y le besó la mano.
Después de las improvisaciones solía romper, Beethoven en una sonora carcajada "
                                                                     ( ibid., p., 757- 8 ).

 La estrepitosa carcajada denotaba en su rostro, el impacto que en él producía la satisfacción de haber alcanzado una dimensión como el toque de un perfume particular.

Matiz pictórico :

El matiz pictórico emociona y auxilia en la evocación. Alcanzar la esencia del sonido musical, nos lleva por el camino del éxtasis, a la rememoración. Es como si escucháramos a orilla de mar, en una noche de luna plena, el murmullo acompasado de las olas marinas. Entonces sobreviene en la mente espoleada por compás y vaivén, las imágenes adoradas que estaban adormecidas en el estado de conciencia y, que alegremente ahora surgen y emergen instalándonos en un mundo subliminal.
Cuando reaccionamos de tal manera, hemos aprehendido la espiritualidad de la música,
que nos ha tocado con sus esencias cadenciales y arcanas.

Entonces, se ha operado en nuestra sensibilidad, una transformación de la semántica afectiva. Es la comprensión y entendimiento de esa gracia esencial que toca en el alma y que revela lo esotérico a través del sentimiento.

Tanto el matiz pictórico, como la semántica afectiva de la música, afloran en el plano de la virtuosidad. Si no se canta o se ejecuta el instrumento musical con excelencia y talento, con la mayor eficacia artística, con delicadeza sensitiva, no brotan ni se asoman estos estados.

Como decía el premio Nobel de literatura español, Vicente Aleixandre en su poema,
" Quien baila se consuma ", La grandeza del drama no reside en la coreografía ni en el corpus de la obra teatral, el extraordinario valor y elevación de la pieza escénica consiste en la fuerza con que es capaz de conmover exacerbar y sensibilizar al auditorio, al espectador, el desarrollo de la obra y la actuación de los actores y actrices.

O sea no es lo que se ve, sino lo que entra en el alma a través de los ojos.