jueves, 25 de febrero de 2016

EL arte del tenis

                                 ( Juego, locura, poesía, humor, se alían como mezclas alquímicas,
                                   como una jocosa irreverencia, como un espejismo y dentro de lo lúdico
                                   el arte ). M. Vargas Llosa.


A veces, el juego del tenis
es un partido silencioso;
sugiere un sueño suspirante y suspicaz,
pero el rigor acusa la intención
de convertir la bola en mensajera alada
para que capture,
un grano de maíz en un determinado
punto y, vuele a las manos,
seguida todo el tiempo,
por una silente, pero obsesiva mirada
como un rayo láser,
directo de un ángulo al otro :
sin agresividad, con emotividad :
todo el juego tiene un sólo tono,
una ola rítmica de ida y resaca :
la bola es una paloma blanca,
que el sol, luna o luz,
la enciende fosforescente;
los tenistas no la azotan, no;
alzan las manos y la echan al aire :
al comienzo el tenis
se va transformando en un bello arte :
y los tenistas ejecutan atrevidos
pasos de ballet :
el salto de Gael Monphil,
con sus piernas extendidas,
la raqueta en medio de ellas,
convertida en un ramo de rosas doradas :
Serena William, se desliza en el aire,
sobre el escenario y, por magia
torna la raqueta en báculo;
sólo un toque de alas al vuelo
se ha sentido y, cuando aparecen
las prodigiosas jugadas,
estallan los ruidos,
se rompe el silencio
como si la atmósfera
se quebrara en cristales,
pero el árbitro expresa
una palabrita mágica
como la mordida de un chicle
o la tirada de un beso
y se apagan los rumores.