lunes, 11 de abril de 2016

En Monte Carlo

La tierra batida de Monte Carlo,
impregnada con el aura del mar.
Muestra que rememora el desierto del Sahara.
La cubre un dosel de cielo blanco y azul.
El granito de la montaña la guardan.
La simetría de los blancos listones,
dictan la cosecha porcentual.
En las gradas " les chapeau " florecen.
Las bolas de tenis esparcen el polvo ladrillero.
En el puerto, el ronco sonido del mítico cuerno,
anuncia la partida de turistas por la dársena.
Entre tanto, los tenistas con su fervor,
sudor y toallas emblemáticas,
limpian sus rostros,
anhelan su victoria.