domingo, 4 de septiembre de 2016

Un soneto para mi sombra

   Tú vas siempre solitaria y callada.
El sigilo y el silencio te acompañan.
Llevas mi verdad honda substanciada.
La fugacidad y presencia apañan.

   Cuando estragado, deprimido y triste.
En tu silueta consigo consuelo.
Aunque de trazos oscuros te viste.
No importa que te arrastres por el suelo.

   Eres un sordo eco de mi única alma.
Y un secreto añejo en códice egipcio
Revelado sin que suscite alarma.

   Me persigues ciega y fiel como el vicio.
Me dirás adiós deforme y llorosa.
Al caer el polvo sobre la honda fosa.