jueves, 26 de abril de 2012

La lluvia y el tenis

                                         "... La lluvia ha vuelto
                                              de mi infancia ".
                                                       ( Pablo Neruda, Odas elementales ).

Aquel día, la mañana
nos llegó macerada.
Su aspecto dolido
era el de un viejo artrístico.
Comenzaba oscura y pálida,
llena de calígine
y tela de araña.
Le costaba moverse
a horas superiores.

El viaje hacia Mayaguez
transcurriría en una hora.
Pensé que luego, el oro del tiempo,
invadiría árboles, casas y calles.
Pero la Sultana mostraba
los tules de la madrugada,
aún perezosa, para desechar los linos
lóbregos.

Serían las ocho
cuando esperaba por pareja.
Sentí que la atmósfera
enfriaba como un pétalo
mojado.

A través de los eucaliptos
y los verdes pinos,
una lluvia fina
esparcía los carámbanos.

De niño, algunos sábados
el pueblo amanecía
envuelto en sombras y ráfagas.
Nuestros juegos se desvanecían.

La cancha de tenis se tornaba
en un mar de claras aguas.
Del cielo, el rabadán
de ceñudo gesto,
ordenaba lluvia
para largo tiempo.