domingo, 14 de octubre de 2012

De las aguas que maravillan y mueren

He de hablar de aguas cristalinas;
y de aguas turbias.
He de hablar de turbios cristales;
y de cristales claros.
No de vidrios, sino de transparencia
de las aguas. También de su opaca
y confusa apariencia.

El mundo, como se sabe : hecho de agua y tierra.
De hojas y madera.
De rocas y minerales.
De aire y cielo.
Luego en orden de importancia : los animales
los frutos y flores e individuos volátiles.
Por último apareció el hombre.

El hombre comenzó comiéndose los animales,
las aves, los frutos.
Él se bebía las aguas,
se aseaba dentro de ellas.
Suerte, que según Heráclito,
"Todo fluye ". ( Te bañas en el río )
Al hacerlo de nuevo son otras aguas.
Las aguas se lustraban
contras las piedrecitas.
Sus manos se transparentaban en sus cristales.
Su rostro se asomaba en las ondas.

Después, el hombre hurtó las piedras
para edificar cavernas en las planicies.

Cuando el mundo evolucionó,
crearon químicos que derramaron
sobre aguas claras.
Expulsaron sustancias letales
a los aires.
Hirieron los témpanos
para convertirlos en fantasías de la historia.
Entonces de los cielos
bajaron las precipitaciones radiactivas.
Desechos y pulverizaciones nucleares,
que en ciertos lugares
por efecto de metamorfosis,
aplican la metáfora : Polvo del Sahara.