miércoles, 24 de octubre de 2012

Los pueblos mueren

El pueblo que me vio criar,
desapareció.
Se fueron los caminos;
aquellos caminos.
Con ellos, los sectores.
También volaron los nombres :
Barrancos, Borinquen,
Punta Brava, La Sabana;
el Múcaro, el Azul.

Pasaron a la inexistencia
las casas de aquellas gentes.
Unas a orillas de las escalinatas,
otras alfombradas
por la soleada carretera.

La arquitectura de las nobles
edificaciones, las enajenaron
a escombros y a olvido.

Otros diseños de madera
que ofrecían delicadeza
y unción de belleza,
un birlibirloque las esfumó.

Se extinguió el olor
del sabroso cigarro
de Marcelo.
También las tintineantes
tijeras de Juan Nieves.
( Parecía más un médico,
que a un barbero).

Se borraron los tiernos
martillazos
que bajo las pezuñas
de los caballos
acometía Chucho Jiménez,
con los clavos apretados
entre sus labios,
para hincarlos con destreza,
en los cascos de las bestias.
Esos martillazos se apagaron
con los soles de la época.

los juegos en las calles :
con billardas, bolas de hilo
de medias de mujer,
canicas, matos, camándulas
y bean-bag,
el tráfico despiadado
volteó la hoja de la lámina.
queda en el recuerdo
de algunas personas,
el abarrotado garaje
de don Fonso Gonzague.

El primer cuento del autor
mexicano, Juan Rulfo
se tituló : " La vida
no es muy seria en sus cosas ".