miércoles, 6 de mayo de 2015

El fumador

                         Cuartilla que no incluyó Ramón Gómez de la Serna en su libro El Dr.
                         inverosímil. Escrito en 1914. Ahora yo aquí la creo para mi público.

Yo siendo empresario no le daría trabajo nunca al que fuma; pues siempre lo tendría en el aseo perdiendo el tiempo.
Del fumador se han dicho tantas cosas y todas con sentido verídico. Desde aquel tango :
" Fumando espero a la mujer que quiero... " hasta algunas expresiones un tanto absurdas y lejanas en su fundamento, como aquella que compara al fumador con el hombre perezoso, que nunca trabaja, pero siempre se lleva las manos al bolsillo, tocándose por fuera y seguidamente busca por dentro para tantear, en forma inconsciente, si lleva dinero. También se afirma que el que fuma es porque no le gustó mascar chicle. Se dice que el que enciende un pitillo y el que vive de ilusiones es lo mismo porque todo se resuelve en humo.

En otras palabras : fumar es abrazarse a la nada, dejando en el camino la salud y, actuando como los aborígenes, trocando oro por abalorios.

El que ha podido dejar de fumar es por dos razones :

               1. Ha descubierto que es un timo o fraude del cuerpo al ámbito de la
                   conciencia. Es cuando el cuerpo te pide limosna valiéndose de la estafa
                   para engañar tu yo interior y doblegarlo a su antojo y convertirte en
                   esclavo de tu propio cuerpo. Algo así como si el barco mandara al capitán.

                2. Ha podido abandonar el vicio del cigarrillo quien al toparse con valentía,
                    reconociendo en lo recóndito de su conciencia, el núcleo de su persona;
                    ha descubierto donde reside él, su propio e íntimo significado : su
                    conciencia definida, su espíritu latente. Ya entonces se acepta así. Siente
                    que que se respalda a sí mismo y que su cuerpo es parte de sí, pero no es él
                    y, él es quien debe gobernar y no su cuerpo.

Alcaloide del tabaco :

El olor de la nicotina subyuga, apasiona y es excitante. Pero los coloides del cigarrillo que se suspenden en el aire cuando se ha finalizado de inhalar, se perciben como truchas doradas con hornijas de un andurrial.
Mientras que el olor fuerte del cigarro habanero, nos impele a creer que venimos de la huerta, después de un día de labor y de sol y que descansaríamos en brazos del amor. Estaremos esnifando esas curtidas hojas de tabaco.