lunes, 12 de octubre de 2015

LA COCINA

En esta cocina se enciende con leña.
Es salediza del cuerpo de la casa.
Pero no sólo se sostiene
con los rancios pilotes de moralones,
que se asientan en lo hondo
de la parda tierra;
sino que también la sostienen,
los brazos trabajadores de don Sixto,
las abnegadas, hábiles y laboriosas
manos de doña Margó.

De allí mane siempre
por el techo de cinc
y, las hendiduras de los costados
hacia el aire y los follajes,
como si albergara una hoguera
de carbones, unas emanaciones
de humo bruno, que evoca
los viejos trenes.
A veces huele a café tostado
y, luego despide aroma
de ardiente café colado.