jueves, 9 de febrero de 2012

Bécquer, Romeo y Julieta y, el Amor como Sostén de Vida

Presento este trabajo en honor del amor y la amistad.

Parecería una perogrullada afirmar que el amor es sostén de vida, sino fuera porque la gran tragedia socio-psíquica del hombre es la obviedad de esta base. En consecuencia la destrucción de cierta felicidad. Nos encaminamos a demostrar que en Romeo y Julieta, siglo XVI y Bécquer-- siglo XIX, el amor realiza la jornada de apuntalar la vida, de sostenerla, de construirla, de estimularla. Además intentamos descubrir otras manifestaciones amorosas que inciden en la vida de estos seres extraordinarios.
La tristeza es una característica propia del romántico,un rasgo matizador del romanticismo.
No encontré melancolía en la relación pasional entre Romeo y Julieta. Allí donde pudo manifestarse en realidad, se descubre una pasión encendida. La distancia física como impedimento amoroso, aumenta la fuerza de su amor. Ante la imposibilidad de la convivencia matrimonial, no entristecen, sino que enardecen sus ímpetus y están pronto a cometer actos hiperbólicos, si éstos abrieran el camino a la unión y felicidad.
Por ello Julieta es capaz de enterrarse viva :

"Desnuda y amarilla calavera
hacedme entrar en la reciente fosa."

No hay asomo de tristeza ni aunque una inminente situación adversa, impidiera su realización amorosa. Ante posibilidad tan aciaga no entristece, sino que encoleriza y es capaz, para impedirlo, de fijar fin a su vida :

"Decidme que me arroje, padre mío.
De las altas almenas de esa torre."

En cambio en Bécquer, la tristeza es refugio amoroso :

"Mas tengo en mi tristeza una alegría.
Sé que aún me quedan lágrimas !"

Allí donde Bécquer demuestra melancolía :

"Yo suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca."

Julieta exhibe ansiedad, impaciencia :

" Y aún por eso cupido tiene alas..."

Frente a una espera Julieta se inquieta, desespera :

"Tres horas van y ausente todavía,
si ella tuviera amor y joven sangre
caminara veloz como saeta,
a mi amor mis palabras lo impulsaran
y las suyas a mí. pero los viejos,
cadáveres parecen, insensibles,
graves, torpes, pesados como plomo. "

Julieta busca afanosa el amor, pero no se entristece, agita su corazón, impulsa su objetivo,se desplaza en sigilosa carrera rumbo a fray Lorenzo o en destemplada oposición frente a su padre firme y empeñado. Ella tiene conciencia de que éste es un mundo lecho de la materialización del amor. Por eso no eleva su mirada hacia una pálida luna, sino que accede al casamiento furtivo con su amado Romeo.

Bécquer, en una intención platónica envía a la naturaleza como símbolo de su humanidad para que rodee a su amada.

"...oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.
...entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo. "

La experiencia amorosa en Gustavo Adolfo Bécquer, arranca mustiedad :

"Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada,
a ella tocaron lágrimas y risas,
Y a mí sólo lágrimas! "

Bécquer concibe el amor como un canto a la belleza. La estética es para él un don supremo, pero también es el equilibrio de la vida. En muchas ocasiones vemos el amor unido a la belleza. No que una sea consecuencia de la otra, sino el amor nutriéndose para su sostén de su alrededor estético :

"Tu pupila es azul, cuando ríes,
... el mar se refleja. "

Amor y Belleza

Si en Bécquer la estética lo lanza a la inconformidad dentro del mundo que lo rodea y, lo impele a crear un universo sobrenatural donde alcanzar la plenitud de una belleza angelical , que pueda sosegar su abrupta agitación anímica; en Romeo es precisamente la belleza, la que inicia el principio de una vida amorosa que para mantenerla sucumbe en la tragedia que disuelve sus vidas.
La belleza entraña amor, la belleza es parte de la vida misma. No es la estética, un elemento auxiliar secundario, es en realidad, un constitutivo de la vida; no es un elemento de ornato, sobrepasa a la impresión, el pensamiento y hasta la razón; es decir, se convierte en fichas de la vida, Julieta así lo comprende :

"El pensamiento, en realidades rico
y no en palabras, en su esencia goza
y no en su ornato."

En Bécquer, la búsqueda de lo imposible por la insatisfacción entre el mundo de la realidad, se evidencia en preferir a una mujer cuya belleza es ideal, incorpórea, que no responde a la cordura, sino a la demencia que no responde a lo probable, sino a lo imposible, que vemos defilar frente a él las alternativas tangibles del mundo fenomenal y las rechaza porque experiencias precedentes de una dimensión real, han debilitado su confianza en lo inmediato, en lo razonable.
En ocasiones, esa  belleza ha traído consigo unas heridas, unos golpes casi mortales. Bécquer quiere salvar el amor para con él redimir las posibilidades de su vida. Esa búsqueda de la belleza es tenazmente selectiva, tanto, que lo lleva a caer inmerso en la fantasía. Se inclina por la idea, por lo etéreo y estará plenamente sojuzgado a sus anhelos que es parte de su propio ser, producto de la imaginación y por lo tanto, dúctil y sometido a sus designios.

"Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte. Oh, ven, ven tú !

Su constante tentativa en la búsqueda de la belleza y el amor más allá de lo sensorial. La inconformidad con el mundo, su evasión, un amor de virtudes sobrehumanas.

"Tras una sombra, tras la hija ardiente
de una ilusión.
Tú sombra aérea, que cuántas veces
voy a tocarte, te desvaneces."

Romeo también es obsesionado por la belleza y tras ésta descubre el amor. La belleza de Julieta es legendaria. tan sólo catorce años y oscurece las famosas beldades de la antiguedad : "Cleopatra, una gitana." y otras beldades literarias y legendarias : "Laura es una fregona, Elena y Hera, busconas; Tisbe igual a las otras."

En el momento en que nos topamos con Romeo, éste anda solitario y envuelto en una dulce vaguedad sentimental porque es atraído por Rosalía. Pero en el instante en que ve a Julieta, queda deslumbrado por su belleza y desde este momento olvida a Rosalía.

"Averguenza a la luz su faz radiante,
y contrasta la noche con su brillo
cual contrasta el espléndido diamante
que ostenta el etiope en su zarcillo.
Tanta gloria la tierra no merece,
ni quien tanta beldad para sí toma
si entre las otras damas aparece
cual entre grajos cándida paloma
cesado el baile llegaré a su puesto,
y mi mano estrechar su mano espera :
¿Amé jamás ? Mis ojos niegan esto,
que hoy sólo ven belleza verdadera."

En Romeo, la belleza es umbral del amor. Luego, amor y belleza en una misma fuerza.

De los exiguos momentos alegres en Bécquer, el amor y la belleza logran el milagro:

"Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol.
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
Hoy creo en Dios!"

Está alegre, es feliz, siente el palpitar de la vida, se nos presenta optimista porque fue irradiado por la belleza y el amor.
El amor y la belleza operan en el hombre un ímpetu peregrino : la pasión de destruir la distancia que media entre el ser que se es y el otro que se ama. no sentirlo ya fuera de nosotros ni que tengamos que ir hacia ese amor. Lo que se espera es una eclosión amorosa  capaz de resultar en una metamorfosis, una fusión; el ser amado encarnado en uno mismo. Romeo decía que Julieta lo había afeminado. A Fray Lorenzo le expresa que estuviera conforme con el destierro si el destierro lo convirtiera en Julieta.

En Bécquer se encuentra esta tentativa : " Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar lo que tú hablas, sentir lo que tú sientes, penetrar, por último en ese misterioso santuario en donde, a veces se refugia tu alma y cuyo umbral no puede traspasar la mía. " ( Bécquer, Obras Completas; p. 664 )
Es el nimio intento del infante de meses, que todo objeto lo lleva a la boca. Es decir, lo que nos agrada queremos convertirlo en parte de nosotros mismos. Bécquer le decía a su amada en una de las Cartas Literarias : "¿ Quieres saber lo que es el amor? Recógete dentro de ti misma, y si es verdad que lo abrigas en tu alma, siéntelo y lo comprenderás, pero no me lo preguntes". En otras palabras, intérnalo, hazlo carne propia en conjunción de espíritu y materia para que se cumpla el ciclo del amor.

Sin dudas que el ciclo del amor es la gran esfera de que hablaba Cortázar, en relación a sus cuentos y, que es aplicable a la experiencia sentimental amorosa. Primero el señuelo de la belleza nos aprehende, casi simultáneamente comienza a manifestarse la inquietud de amor. Ya en la dulce hondura del intercambio de simpatías en que se entrelazan convergencias de actitudes afines, vamos en la experiencia romántica penetrando mutuamente en nuestras convivencias  amorosas. Aportamos unos elementos caracterizadores atrayentes y matizados en los sentimientos que se hacen nuestros cuando son ajenos. Al final es un mismo ser injertado por un proceso de osmosis amorosa. entonces el amor ha cumplido la esfera.

La fuerza del amor

En el proceso de la esfera o bordeando el ciclo del amor, se encontraban Romeo y Julieta.
Hay casos en que lo veloz de este proceso lo determina la correspondencia de afinidades espirituales en ambos. Parece que en Romeo y Julieta este campo de convergencias era muy fuerte. En ambos las sensaciones fueron estrechas, cohesivas. Romeo es ensimismado  por Julieta y de inmediato se siente confinado en su amor :

"¿Capuleto ella es? Suerte funesta !
Mi vida deuda es ya de mi enemigo.

En Julieta ocurre lo mismo; una fuerza la envuelve con su atractivo premonitorio :

"Amor de mi odio único nacido,
hasta pronto te vi sin conocerte.
Y tarde por demás te he conocido.
Aborto de mi amor, quiere mi suerte
que dé mi amor a un ser aborrecido.
Si es casado, será, se me figura,
mi tálamo nupcial y mi sepultura.

Un dato muy relevante que alza a nivel superlativo la pasión de ambos jóvenes Romeo y Julieta, es la iniciación de un acuerdo amoroso y la ruptura de una actitud consuetudinaria de una aversión ancestral entre dos familias poderosas : los Capuletos y los Montescos. De ahí la expresión Julieta: "Que dé mi amor a un ser aborrecido". Es sin duda, el obstáculo más difícil para estos enamorados. Sin embargo, el amor es acicate y estimula a encaminar  su pasión, es fuerza que desata atrevimientos : Romeo salta la tapia del jardín de los Capuletos,  así como Calixto  saltó las tapias del jardín de la casa de Melibea para concretizar sus pasiones.

Pero esta fuerza del amor es torrente que arrastra, no sólo a osadías sino a doblegar el orgullo, a desechar rencores de siglos, de generaciones para ofrecer la amistad a quien la desprecia o la combate con calor beligerante.

"Teobaldo, los motivos que me inducen
a quererte, la rabia disimular...
No te ofendí jamás. Yo te lo juro;
al contrario, te aprecio como nunca
podrás imaginar, hasta que sepas
de mi cariño la razón. por tanto.
Buen capuleo, nombre que venero
cual el que llevo yo,queda mi amigo."

Evidentemente el amor a Julieta lleva a Romeo a asumir esta actitud tan encomiable. Ni Teobaldo ni Mercicio, paje de Romeo entienden esta posición. Pero el móvil de este acercamiento amistoso loes la fuerza del amor. Si en el cuento de Vicente Blasco Ibáñez, La Pared, el móvil del acercamiento entre dos familias odiadas entre sí, por generaciones : Los Rabosa y los Casporra, es el agradecimiento por la salvación del patriarca de entre un incendio consumidor. en el caso de los Capuleto y los Montesco, el engarce fraternal se debe al amor.
Romeo fue capaz de doblegar su orgullo para buscar la armonía de dos familias alejadas por el sismo del odio. Aparentó cobardía en pos de la concordia, todo con la finalidad de construir el sostén de sus vidas. Julieta de catorce años, desafía la autoridad de su padre para evitar el derrumbe del sostén de su vida : el amor infinito a Romeo. Ambos desprecian la vida si no existe posibilidad del triunfo de su amor. Para Romeo" el cielo está donde está Julieta." Para Julieta, si no existe Romeo no existe la vida.

"Idos, pues que aquí quedarme debo.
Veneno fue su muerte prematura.
Cruel ! Beberlo todo! NO dejarme
ni amiga gota a mí para seguirle,
para poder morir y restaurarme!"

A Bécquer lo sostuvo el amor. Aún cuando creía fallecer, el amor lo fortalece :

" ay! A veces me acuerdo suspirando
de antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; pero siquiera
padecer es vivir."

En el amor se padece, pero el mismo amor nos da la fuerza para vivir. Otras prendas podrá ofrecer la vida, pero carente de amor, ninguna de ellas bastan para vivir.

" Qué hermoso es cuando hay sueño,
dormir bien...y roncar como un sonchantre...
y comer, y engordar! Y qué desgracia
que esto solo no baste.

Tanto en Bécquer como en Romeo y Julieta, vivir era amar y el amor sostiene la vida,

"Si yo hablase lenguas humanas y angelicales
y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena
o címbalo que retiñe". (Corintio, 1.13 ).

El amor doblega el orgullo

Se sabe que Romeo era Montesco y Julieta, Capuleto; dos familias cuya aversión era ancestral. Parecía insalvable esta circunstancia tan arraigada por generaciones. Sin embargo, el amor pudo limpiar esta mácula generacional. Romeo le manifiesta a Teobaldo su simpatía y amistad por motivo de amar a su prima. Todo aquel orgullo Montesco se pone a los pies del Capuleto sometido por la fuerza del amor. A final, la tragedia elevada sobre el amor, une para siempre ambas familias y el amor ha derrotado al orgullo.

Tema del andrógino en ambos textos

Se estudia también, la peregrina relación que se da en lo más alto de la relación amorosa, en el sentimiento más profundo de esta relación, cuando los seres amados quieren convertirse el uno en el otro. "Melibeo soy decía Calixto en La Celestina." Si el destierro me convirtiera en Julieta", decía Romeo. " Daría lo que me resta de mi vida, por saber lo que de mí, a solas a hablado". Confesaba Bécquer, queriendo ser parte constitutiva de aquel ser amado. Platón decía que en el principio, el hombre era una entidad y de él se desdobló la mujer. Desde entonces el hombre procura el amor de la mujer para encontrar su parte.