jueves, 23 de febrero de 2012

Los aguaceros

"Aguacero pasajero
¿Por qué mojás mi sombrero ?
A ti no te cuesta nada,
a mí me cuesta dinero."

                 ( Canto popular pampero, Argentina).

"Restalló otro relámpago, el trueno desgajó pedazos de oscuro cielo ".
                  ( Juan Bosch, Dos pesos de agua ).

El cielo se ha transfigurado. La mañana fue caliente, radiante; pero a la una de la tarde, el firmamento toma una impresión procelosa. Las nubes se espesan de oscuridad. La temperatura baja y se ven volar en círculos, sobre el pueblo escasas golondrinas. Se puede escuchar una frase genérica : qué "jundimiento ". O quizás alguna expresión jocosa :
" hasta que los pollitos escarben el cielo con el pico ". Se ha hecho ya cerca de las tres de la tarde. El cielo tan ceñudamente negro escenifica una noche en la tarde. Nadie se aventura a ciertas tareas a la intemperie : pintar, empañetar, salir a realizar deportes. Las mujeres apresuradas recogen las ropas. Un solo relámpago raya el espacio y deja un trueno desgranado, dando tumbos fragmentariamente, haciéndose cada vez más débil, como coces de cabrita sin cuerno sobre el trasero de un niño.

Entonces alguien se percata, a eso de las cuatro de la tarde, que unas finas y leves lloviznas no logran mojar sus cabellos, tampoco humedecen sus blusas. Las calles se tornan un poco resbaladizas, pero secan y la tarde vuelve a emerger con un crepúsculo púrpura y violeta.