martes, 31 de enero de 2012

Aquel árbol central

Era una empinada cuesta.
Empedrada crudamente,
con dos flancos de casas,
de pobre aspecto,
sin arte ni gracia.
Edificadas de madera,
que los carpinteros constructores,
dieron paso a nuevas generaciones.
La alegría del contorno
eran la pléyade de chiquillos,
juguetones y traviesos.
En el centro de la calle,
se elevaba el árbol frondoso.
Donde anidaban pájaros
y siempre se oían trinos.
Los domingos, los hombres,
se arremolinaban bajo su ramas.
Eran impresionante
las sonoras carcajadas.
A veces, Toño  Miranda
entonaba, con su dulce voz
un sentido tango.