jueves, 1 de marzo de 2012

Inventario del mar

" En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva".    ( Rubén Darío )


Una noche
estuve furtivo
bajo las frescas sombras
de las frondas uveras:
por el corredor de vetustas maderas,
lamidas por sales y vientos marinos
donde el mar, echado en hamaca,
expiraba las memorias del día.
Dejaba sobre las rocas chicas
un saldo de números,
de monedas, de piezas metálicas
menudas;
de flores blancas deleznables,
que al momento se deshacían.
A veces lirios en fuego de estrellas.
Traía, también,
hilachas de vendavales,
hojarasca del Caribe.
Y algunas estatuas
desafortunadas y derribadas.
Entre nasas raídas,
las meditaciones cautivas
de algunos pueblos en guerra.